Los negocios son como el taekwon-do

Los negocios son como el taekwon-do

Las artes marciales son un excelente ejercicio, ya que combinan el trabajo aeróbico con el localizado, nos proporcionan un mayor control de nuestro propio cuerpo –los movimientos, el equilibrio y la respiración- y por si fuera poco nos ayudan a defendernos en caso de una agresión. Pero además, las artes marciales combinan la práctica con la teoría. Efectivamente, hay una filosofía que acompaña los ejercicios, que les da un significado y que ayuda al practicante en otras áreas de su vida.

Por ejemplo, los practicantes de taekwon-do -un arte marcial de origen coreano, que se practica en todas partes del mundo- deben seguir cinco principios, que son aplicables tanto dentro como fuera del dojang (lugar de práctica). Veamos cómo aplicarlos al entorno laboral.

Cortesía

Así como un practicante de taekwon-do saluda cortésmente a sus mayores y a sus compañeros, así debe ser tu trato con las personas de tu entorno, desde el presidente de la compañía hasta el ascensorista suplente. Todos se merecen que les pidas las cosas por favor, que les des los buenos días con una sonrisa y que agradezcas.

Integridad

Ningún practicante de taekwon-do debe patear a un adversario por la espalda, o golpearlo cuando ya está caído. Las artes marciales están pensadas para formar guerreros íntegros, con principios a los cuales respeten. Lo mismo puede esperarse de un empleado: la honestidad, el valor y el cumplimiento de la propia palabra resultan invaluables para una empresa.

Perseverancia

Hay momentos en los cuales un practicante de taekwon-do (o de cualquier deporte, llegado el caso) se siente perdido, cree que nunca logrará hacer las cosas como corresponde. Pero no hay que darse por vencido. De la misma manera, si estás en busca de un nuevo trabajo o aspiras a conseguir un ascenso, no debes desanimarte ante una negativa, sino seguir esforzándote por mejorar, sabiendo que finalmente alcanzarás tus metas.

Autocontrol

Un practicante de cualquier arte marcial debe saber cuándo pelear… y cuándo contenerse. De la misma manera, conservar el autocontrol en el trabajo implica sonreírle a aquel cliente maleducado, o no responder a un rumor malicioso que escuchamos y que nos involucra, aún cuando sepamos que no es cierto.

Espíritu indomable

Tanto para el taekwondista como para el trabajador, este principio implica “no dormirse en los laureles”. Hay que seguir siempre queriendo aprender cosas nuevas. Capacítate y perfecciónate, y te harás un empleado valioso. Seguramente, tarde o temprano tus esfuerzos te serán retribuidos.