La negativa ante un aumento no es el fin del mundo

La negativa ante un aumento no es el fin del mundo

Una de las experiencias más frustrantes en el ambiente laboral es la de haber solicitado un merecido aumento y que nuestro empleador se niegue a proporcionarlo. Lo primero que se nos viene a la mente es la necesidad de huir de la empresa y encontrar un empleo en el cual sí valoren nuestras capacidades. Sin embargo, antes de tomar una decisión tan drástica, conviene prestar atención a ciertas cosas.

Los motivos del rechazo

Tenemos todo el derecho para solicitarle a nuestro empleador los motivos por los cuales nuestro aumento fue denegado. De la forma más educada posible, podemos preguntar qué fue lo que lo llevó a tomar esta decisión. Si los motivos son relativos a nuestro desempeño profesional, ésta es una oportunidad para tomar nota de sus recomendaciones y mejorar nuestro trabajo, para así a mediano plazo poder volver a pelear por el aumento que deseamos. Si la respuesta tiene que ver con una crisis económica general de la empresa, no conviene echarle en cara al empleador lo mucho que se gasta en café descafeinado únicamente porque lo toma la secretaria personal del presidente, o lo que costaron los últimos regalos empresariales que entregó la compañía.

Es preferible ser paciente y esperar unos meses para así volver a solicitar el aumento, esta vez demostrando nuestra productividad y el dinero que hemos sabido ahorrar para la compañía. Finalmente, si no sabe darnos un argumento válido, sí podemos sospechar que no somos debidamente valorados, y sin decir nada aún, comenzar a buscar otro empleo.

Cuándo se puede volver a sacar el tema

Lo recomendable es preguntarle esto al propio empleador. Podemos decirle que comprendemos perfectamente los motivos de su rechazo en este momento, y que quisiéramos tratar este tema más adelante. Si propone hablarlo en unos meses, lo más probable es que para entonces estemos en mejores posibilidades de negociar. Si no dice nada, dejemos pasar al menos seis meses, para no volvernos insistentes: eso sólo generaría rechazo, y una resistencia por parte del empleador, quien se sentirá amenazado.

Qué podemos conseguir

Existen casos en los cuales el empleador no está dispuesto a ceder en lo inmediato un aumento, pero en los que se puede llegar a recibir o a negociar una contraoferta. Por ejemplo, retirarse media hora más temprano, o extender el período de vacaciones. En un caso semejante, sopesa el beneficio que te significa el tiempo libre (si bien no representa más ingreso). Podrías aprovechar esas horas para ganar, si no más dinero, sí en calidad de vida. Y ello puede implicarte aún más satisfacción que un aumento.