Es una obligación moral de los hijos hacerse cargo de sus mayores

Es una obligación moral de los hijos hacerse cargo de sus mayores

Los hábitos de convivencia familiar han cambiado mucho en los últimos años y cada vez son menos los ancianos que viven en casa con sus hijos y nietos; sólo un 10% de los españoles responden a este modelo de estructura familiar. Una fórmula que enriquece a todos los miembros del núcleo familiar, pero que limita la intimidad y la independencia de los hijos.

En la actualidad, normalmente la convivencia con una persona mayor en el hogar se debe a una enfermedad, la viudedad o las dificultades económicas; motivos que obligan al abuelo o abuela a mudarse. En el caso que el anciano esté enfermo, puede suponer un trabajo extra, que requiere dedicación, tiempo y energía al tener que ocuparse de la comida, la medicación, el aseo, etc. Esta tarea suele ser asumida por las mujeres, que representan el 83% de los cuidadores de ancianos, de las cuales, un 43% son hijas, un 22% esposas y un 7,5% nueras.

Una experiencia muy positiva

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los abuelos que tiene que trasladarse a vivir con sus hijos es la perdida de identidad y autoridad. Ya no son ellos los que ponen las normas en casa sino sus hijos. Por esta razón, los ancianos deben gozar de cierta independencia.

Resuelto ese tema y a pesar de los inevitables conflictos, convivir con un anciano puede convertirse en una experiencia muy satisfactoria al ayudarnos a descubrir cualidades o aptitudes que no conocimos y darnos la oportunidad de establecer una relación más próxima con esa persona. Los ancianos tiene una gran capacidad de adaptarse a las nuevas situaciones debido a su experiencia, por lo que probablemente que nos parecen difíciles de solucionar quizás ellos son capaces de resolverlas fácilmente. Además, debemos pensar que compartir la vida con sus hijos y nietos les hace sentirse útiles y para los más pequeños de la casa los abuelos sin insustituibles, ya que son transmisores de experiencias que de otro modo nunca llegarían a conocer.

Los ancianos y sus necesidades

Para entender a las personas mayores, puede ser útil conocer en qué etapa de la vejez se encuentra, ya que las necesidades varían:

Hasta los 70 años: es el grupo de los ancianos jóvenes. Se trata de recién jubilados, pero con buena capacidad motriz e intelectual. Sus cuidados suelen centrase más en ocupar su tiempo libre, hacerles sentirse útiles, relacionarse, entretenerse y divertirse.

Entre los 75-85 años: son los llamados “ancianos”, sus problemas son, entre otros, combatir la soledad y ayudarles en las actividades cotidianas. A esta edad suelen demandar profesionales de la salud, cuidadores, además de equipamientos domésticos que faciliten su autonomía.

Más de 85 años: las necesidades de los denominados muy ancianos se centran principalmente en aliviar o superarlas enfermedades propias de la edad como la artrosis y artritis, enfermedades cardiovasculares y trastornos del sistema nervioso-central. Son estas dolencias, además de la demencia y el Alzheimer, las que preocupan más a médicos y familiares.

Por una convivencia más fácil

¿Cómo hay que tratar a las personas ancianas? Fácil. Con respecto, atención y grandes dosis de cariño.

Ser viejo no es una enfermedad: no debemos excluir a os ancianos de la sociedad simplemente por haber dejad de ser jóvenes. Tenemos que intentar que participen y se sientan útiles.

Dialogo y solidaridad: hablar con ellos les enriquece y mejora su autoestima, además de integrarles en la sociedad.

Respeto: a sus capacidades o incapacidades, a su ritmo lento, a sus ideas… Los mayores tienen derecho a elegir cómo quieren vivir. Lo contrario equivale a un abuso de poder y un ataque a su libertad.