Llegar tarde a trabajar no da muy buena impresión

Llegar tarde a trabajar no da muy buena impresión

Existen ciertas prácticas que son relativamente comunes en los empleados. Tal vez por eso, nos cuesta reconocer lo mucho que nos perjudican. He aquí una guía de aquellos malos hábitos que pueden afectar tu desempeño y tu imagen en el lugar donde trabajas. Reconociéndonos en ellos, procuremos evitarlos la próxima vez.

El chisme

Pasamos buena parte del día en la oficina, rodeados de las mismas personas. Es natural que nazcan amistades, camaraderías, rivalidades, atracción, celos y todo un combo de pasiones humanas. Sin embargo, debemos guardarnos muy bien de hacer comentarios despectivos sobre otros. Nunca se sabe a oídos de quién pueden llegar. Incluso comentarios inocentes como “qué bien le sienta esa falda a la nueva recepcionista” pueden ser malinterpretados y hacernos pasar un mal momento. Por ello, procuremos limitar la conversación en nuestro lugar de trabajo a temas triviales o estrictamente laborales.

Las excusas

Sólo hay una cosa más molesta para tu jefe que un empleado no cumpla con un plazo de entrega: escuchar las excusas que utiliza este mismo empleado para justificarse. Un empleado que siempre tiene una coartada para aquello que ha hecho mal, demuestra que está dispuesto a seguir haciéndolo. Por eso, si tu jefe te reprende por no haber hecho back-up de tu último informe, no le digas que justo se te agotó la batería de la laptop, no importa que sea cierto. Es preferible disculparte y asegurar que no volverá a repetirse. Por lo menos con esto te aseguras de no irritarlo más de la cuenta.

La impuntualidad

Con ser impuntuales no nos referimos a llegar todos los días media hora tarde (seguramente ningún empleado que lo haga duraría mucho tiempo en un puesto), sino en llegar siempre sobre la hora. Si tu horario de entrada es 9 de la mañana, procura llegar 8:50. De esta manera, demuestras verdadera disponibilidad para con tu trabajo. Además, estás cubierto ante posibles eventualidades que te retrasen. Nadie se enfada con un empleado cumplidor por una vez que se le queda el automóvil y llega a media mañana, pero sí con aquel que elige dormir cinco minutos más en lugar de ir a trabajar.

Abusar del móvil

Ninguna empresa puede prohibirles a sus empleados que reciban, de vez en cuando, una llamada personal a su teléfono móvil. Sin embargo, si estás todo el día recibiendo –y enviando- mensajes de texto con tus amigos, si la música de tu móvil resuena cada cinco minutos por los pasillos de la empresa, si hablas a los gritos sobre la salida del viernes a la noche o si te suena el teléfono en momentos inapropiados (como en una reunión), a tus jefes no les caerá en gracia. Tu comportamiento se verá como poco profesional. Así que procura, en tus horarios de trabajo, limitar tus comunicaciones personales. Lo mismo vale para el correo electrónico o el Chat.