Después de la muerte de una persona amada, llega el momento de regresar a nuestra rutina laboral. He aquí algunas cuestiones a considerar cuando nos toca atravesar este momento tan duro.
No es fácil superar una pérdida
Tómate tu tiempo
Cuando acabas de perder a una persona querida, notifica a las autoridades de tu trabajo y tómate los días que te correspondan, no importa si piensas que no los necesitas. Aún cuando no hayas tenido que ocuparte de los trámites burocráticos que preceden a un fallecimiento, debes tener un tiempo para reponerte del golpe emocional sufrido. Acompaña a otras personas de tu familia o de tu entorno y no te preocupes por qué estará pasando en la oficina. Todo estará allí cuando estés más fuerte y listo para regresar.
Comienza de a poco
No pretendas volver a tu vida habitual de un día para el otro. Un duelo es un proceso que necesariamente lleva su tiempo. Por ello, regresa de a poco a tus rutinas. Si una semana vuelves a la oficina, no retomes aún tus demás actividades. No te exijas más de la cuenta o correrás el riesgo de tapar tu duelo con excesivas actividades, lo que a la larga no te ayudará a salir adelante sino todo lo contrario.
Habla de lo que te pasa
No hace falta que a todos tus colegas les des información detallada sobre lo que has vivido en los últimos días. Por ejemplo, no todos tienen por qué saber las causas del fallecimiento de tu ser querido ni demasiados detalles sobre la relación que mantenían. Sin embargo, es recomendable que te acerques a una o dos personas de confianza con las que puedas hablar si te sientes angustiado.
Permítete los retrocesos momentáneos
Aún cuando hayan transcurrido algunos días –incluso semanas- y sientas que estás mucho mejor, es posible que experimentes una recaída. No te sientas culpable o intentes disimularla. Pídete un día laboral por motivos personales y reponte, para después volver cuando te sientas más tranquilo. Las personas de tu entorno laboral sabrán comprender que no estés rindiendo el cien por ciento cuando hace tan poco te ha tocado atravesar momentos tan difíciles.
Nunca es fácil volver a nuestra vida de todos los días cuando alguien que nos acompañaba ya no está más. Pero la mejor manera de salir adelante es dejando que la vida continúe, y permitiéndonos, a la vez, sentir la tristeza natural debido a las circunstancias. Y, con el tiempo, ya volverá la alegría.
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