Nuestros políticos deberían saber mucho de oratoria

Nuestros políticos deberían saber mucho de oratoria

Motivar siempre es un punto importante en el orador. Esto puede determinar la atención o la desconcentración del público. Es por eso que lo primordial es enviar un mensaje claro, que no dé a interpretaciones diversas, sino que simplemente se entienda lo que se quiere decir. La claridad y el convencimiento absoluto de su mensaje, aunque el tema en realidad no le interese debe mostrarse interesado realmente.

Personalizar

Es frecuente que muchos ejecutivos al entrenar a su personal, por ejemplo vendedores, suelan dar la misma charla. Esto es un error, aunque esa charla haya sido sumamente motivadora para un grupo, puede no resultar para este nuevo grupo. Por lo que el orador deberá ir transmitiendo su discurso, de acuerdo a la reacción del grupo.  Sin embargo, siempre deberá demostrar su personalidad, no es necesario transformarse en otra persona, simplemente dejar mostrar su sello personal.

Además de la actitud…

Hemos comentado muchos detalles acerca de la actitud que debería tener un buen orador, pero además de una buena actitud frente al público es necesario mejorar nuestros sentidos, o mejor dicho, orientarlos a nuestras necesidades.

Anteriormente les comentaba de la necesidad de emitir un mensaje claro y convincente, pero esto no puede realizarse si no se oye nuestra voz o no somos claros en nuestra pronunciación. Parecerían detalles obvios, pero seguramente en algún momento les ha sucedido de no entender que es lo que están diciendo,  y no porque estén hablando en otro idioma.

Otros métodos

Existen muchas maneras de utilizar nuestra voz para enfatizar y crear climas al comunicar. Cambiar el ritmo, utilizar pausas y cambiar el tono para resaltar lo que se está diciendo. De esta manera llamar la atención del público y “llegarles” de una manera más concreta.
Además de la voz, el contacto visual es sumamente importante. Nunca será lo mismo que un orador mire hacia un punto fijo o que haga contacto visual con su público. Esta falta generalmente se observa en conferencias en donde el orador debe apoyarse en imágenes explicativas. Esto obliga a que mire hacia la pantalla permanentemente y olvide observar al público.

Esto es muy habitual en profesores que tienden a explicar mirando a la pizarra, perdiendo la relación con sus alumnos. Lo único que genera es que éstos pierdan el interés y hasta se queden dormidos en plena explicación.

Conclusión

Como hemos visto, ser un buen orador implica mucho más que hablar frente a un grupo de personas. Sino poder captar su atención y capitalizarla para la elaboración de un discurso en donde ellos se sientan protagonistas sin que el orador deje de ser, de alguna manera, el líder.