El teletrabajo ha sido una opción para los empleadores y empleados desde hace mucho tiempo, aunque parece que sólo en los últimos años ha cuajado de forma significativa. Veamos algunas claves para ello.
El concepto de teletrabajo es muy sencillo, como indica el propio término: se trata de trabajar a distancia mediante el uso de dispositivos de telecomunicaciones, que van desde el teléfono hasta la imprescindible conexión a Internet de hoy día.
Cómo ha surgido y ha evolucionado el concepto
El modelo surgió a mediados de los años 70 del siglo XX, quizá debido, entre otros factores, a la crisis del petróleo, puesto que de esa forma se evitaban desplazamientos innecesarios. Hoy por hoy, sin embargo, esos objetivos no son tenidos en cuenta, sino que se prioriza la posibilidad de mantener una colaboración ventajosa para la empresa y para el trabajador.
El desarrollo de la economía global ha propiciado una desregulación sustancial y un aumento de la externalización de ciertos servicios, lo cual provoca una demanda de profesionales a los que las empresas no necesitan en su plantilla de manera continua, pero cuyos servicios son requeridos con cierta asiduidad.
En la actualidad, el teletrabajo proporciona soluciones ante una serie de evidencias. Los avances tecnológicos, por una parte, hacen que sea posible mantener una relación laboral sin necesidad de habilitar espacios concretos (puestos de trabajo) para ello. Por otro lado, la necesidad de flexibilizar las jornadas laborales y el aumento de los profesionales freelance, que se autoemplean para gestionar mejor su tiempo, hace que este recurso se convierta en muy útil. Por último, las propias tendencias de las empresas, como decíamos, han empujado al aumento de contrataciones puntuales.
Hay ventajas e inconvenientes… para todos
Existen, como es lógico, muchas ventajas tanto para el empleado como para la empresa si se adopta esta forma de colaboración.
El trabajador tiene una gran flexibilidad para gestionar su tiempo, un menor gasto en transporte, una mayor comodidad (derivada de los puntos anteriores) y una actitud, por lo general, más activa y emprendedora ante los proyectos que aborda.
Los empleadores pueden mejorar el ambiente laboral, ya que una plantilla fija más reducida tiende a una mejor avenencia entre sus miembros. Los costes derivados del mantenimiento de cada puesto de trabajo se reducen, y por otra parte aumenta la calidad del trabajo (se ha demostrado que los teletrabajadores rinden más y mejor). También es importante señalar las posibilidades de crecimiento de la empresa sin acometer grandes cambios estructurales.
No obstante, frente a estas ventajas también existen algunos puntos conflictivos a tener en cuenta, tanto para la persona como para la compañía. Por ejemplo, el teletrabajo exige del profesional un alto grado de implicación y responsabilidad, una capacidad de trabajo notable y, sobre todo, una gestión del tiempo impecable. Hay que tener en cuenta que el hecho de tener autonomía no significa que el trabajo se haga solo.
Por otro lado, la empresa debe tener un control férreo sobre sus trabajadores a distancia, control que puede convertirse en problemático si la organización no es perfecta. Asimismo, la gestión de proyectos debe variar de forma sustancial, ya que las reuniones y charlas, como es lógico, no son posibles, y hay que idear otras formas de comunicarse fluidamente con el empleado.
Teletrabajadores para todos los gustos
Existen diferentes modalidades de teletrabajo. La más obvia, y en la que todo el mundo piensa cuando se habla de este concepto, es la del trabajador a distancia a jornada completa. Estos empleados pueden acudir de forma ocasional a la oficina de su empresa para entregar algún material o mantener alguna reunión, pero realizan el grueso de su trabajo desde casa.
Similares son los trabajadores a distancia a tiempo parcial, que compatibilizan el trabajo en casa con el trabajo en la oficina, por lo común alternando días en uno u otro lugar, o cumpliendo un cupo de horas preestablecido.
También existen los teletrabajadores móviles, rango que engloba a comerciales y agentes que deben viajar por la geografía del país (o incluso al extranjero) para promover, vender o gestionar algún producto o servicio. En este campo se cuentan los agentes de ventas, técnicos o comerciales de producto.
En los últimos años también se ha ido extendiendo una nueva modalidad, que es la del usuario de un telecentro de trabajo, un lugar que provee al trabajador con algunos servicios (teléfono, conexión a Internet) con el fin de que se pueda utilizar como si fuera una sucursal de la oficina o del puesto de trabajo. De esta forma, además, se promueve la colaboración entre los usuarios.
Posibles tendencias de futuro
Por el momento, la implantación del teletrabajo avanza despacio. La reconversión estructural que requiere por parte de las empresas no se da en todos los casos, y es evidente que algunos sectores no pueden adoptar esta forma de empleo.
Sin embargo, cada vez existen mayores posibilidades para que un trabajador escoja esta opción. Muchas compañías ofrecen a sus empleados la posibilidad de medias jornadas que se compatibilizan con una cuota de trabajo que se realiza en casa, flexibilizando así sus horarios. Además, las nuevas generaciones demandan una mayor libertad a la hora de gestionar sus tiempos de trabajo y ocio, por lo que determinadas profesiones (informáticos, diseñadores, programadores, etc.) se han decantado casi totalmente por esta opción.
No hay que confundir, no obstante, al profesional freelance con el teletrabajador: el primero es un autónomo que oferta sus servicios entre una gran cantidad de empresas, mientras que el segundo viene a ser un trabajador tradicional que, simplemente, ejecuta sus labores fuera de la oficina.





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