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Los jóvenes y la independencia

Escrito por Mariana / 27 de octubre de 2009

Un reto que cada vez se hace más difícil: poder independizarse de los padres. ¿Cuánto tiempo les lleva a los jóvenes lograr una independencia económica de su familia?

No siempre es posible la emancipación cuando la deseamos

No siempre es posible la emancipación cuando la deseamos

Unas décadas atrás, cualquier joven con un empleo ya contaba con el impulso y el deseo para independizarse de sus padres e irse a vivir solo. Sin embargo, la crisis económica global, la precarización del empleo en muchos países y el desorbitante precio de los alquileres de apartamentos y el costo de vida en general, hace que a muchos jóvenes adultos les resulte imposible dejar el techo paterno.

Veamos algunos aspectos que hacen de este fenómeno algo cada vez más común en tantos países.

Adolescencia extendida

Estamos en una cultura que cada vez impulsa a la adolescencia a extenderse más. Antes, no se hubiera considerado adolescente a un estudiante universitario.

Hoy en día, hay psicólogos que afirman que la adolescencia llega, en muchos casos, hasta los veintisiete años: se trata de personas que muchas veces han incluso terminado una carrera universitaria de grado, tienen empleo fijo pero sus hábitos de vida y –sobre todo- de consumo, se parecen a los que tenían diez años atrás. Muchos jóvenes profesionales alegan que su trabajo no les permite independizarse, y que por eso prefieren gastar su sueldo en ropa de marca, viajes, música y salidas.

¿Independencia o comodidad?

En ocasiones, son los propios padres los que fomentan en sus hijos esta postura. Aún ganando un buen sueldo, un joven que viva solo deberá ocuparse de pagar sus cuentas, hacer la limpieza de su casa, lavar su ropa y cocinar su cena todas las noches. Nada de eso ocurre cuando se sigue viviendo en casa de mamá y papá.

También cuentan con servicios gratuitos tales como televisión satelital, banda ancha, llamadas ilimitadas y todas esas comodidades que, viviendo solos, deberían ocuparse de pagar. Además, cuando los hijos han alcanzado determinada edad, los padres ni siquiera hacen incómodas preguntas tales como “¿Adónde vas? ¿A qué hora vuelves? ¿Has estudiado lo suficiente?”, por lo que las presiones para conseguir el propio espacio ya no son tantas.

Una situación laboral precaria

Atención: no todo es responsabilidad de los jóvenes. La crisis económica lleva a que sea mucho más difícil conseguir empleo y, aún cuando se lo tiene, a estar seguro de que se seguirá cobrando el mes entrante. Mes a mes se agregan desempleados a las cifras de la crisis. Muchos jóvenes tienen empleos temporarios, o con sueldos bajos que no les permiten soñar con costearse un alquiler. Y aún aquellos que trabajan en mejores condiciones, a veces deben invertir buena parte de su sueldo en pagarse sus estudios, ya que su familia no está en condiciones de hacerlo.

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