Son diversas y claramente visibles las diferencias respecto a la ceremonia, creencias y las actividades que solemos llevar a cabo para celebrar cada día festivo. Es de universal conocimiento, la crisis económica y financiera a nivel mundial que ha acontecido desde hace ya un par de meses atrás.
Caída de la bolsa, quiebre de empresas multinacionales, cierre de las pequeñas e indefensas que ante el más insignificante de los estornudos decae como la casita de los tres chanchitos, hombres alienados y encerrados en sus trajes y corbatas de los diseñadores, íconos de los imperios actuales de la moda, se balancean sin rumbo haciendo señas cual código egipcio.
De la crisis a la vorágine
Las noticias, con sus representantes en pantalla, lejos de informar con veracidad acerca de lo que ocurre, aconsejar a los seres convertidos en espectadores sobre las medidas a afrontar, ventajas y desventajas de esta crisis, los confunden y se hunden en las profundidades del mar, fundidos todos en uno solo.
Fueron meses de dudas, de rostros largos y palabras nulas, incertidumbre, desolación, las reservas por vacaciones bajaron, las ventas comerciales de distintos rubros cayeron, el mundo parecía detenerse y comenzar desde cero, hasta que de pronto, pum, pam, uy, llegó diciembre, hay que armar el arbolito, los regalos, no los compré todavía, ¿que hago?, circulaban las bocas junto a pasos que la secundaban.
En fin, el tiempo que no alcanza, el árbol que no tiene la cantidad de adornos necesarios, los regalos para los chicos, el dinero que aún no se cobra y uno debe seguir hacer uso y abuso de la tarjeta, no hice la reserva en el restaurante, el tío Juan se sienta en la punta de la mesa así no puede cruzar ni miradas con mi suegro, tengo que llamar a la prima Aurora a EE.UU y me tiene sin parar en el teléfono, no me gusta el mantel y no llego para cambiarlo, que debo vestirme de blanco para la noche del 31, que debo prender sahumerios de menta en el día del 24, decorar la mesa con una vela de color naranja en el centro, un pez de adorno debe colgar del arbolito ya que traerá abundancia al nuevo año, etc, Estas y otras cuestiones son las que se reiteran una a una, durante los días que corren maratón olímpica hasta la llegada del ansiado y anunciado fin del año.
Compras y más compras
Las fiestas, lejos de hacernos reflexionar, de recordar o entender que es tiempo de paz, de armonía, nos convierte en autómatas que se deslizan por las calles, con paquetes de diversos colores y envoltorios, nulos e inertes de toda práctica del razonamiento, entregamos a la cajera la tarjeta de crédito una y otra vez, como las vueltas de una calesita, pisando a los demás transeúntes que desean quitarme de las manos, aquel conjunto de ropa interior a 50% de descuento en el Shopping durante el instalado “happy hour de las fiestas”.
Así, los segundos, minutos y horas se repiten mientras tenemos el firme y único objetivo de terminar de hacer las compras finales de regalos, adornos y platos navideños, recibir a los invitados, disfrutar de la cena entorno a la mesa, brindar, abrir los regalos y despedir el viejo año, y comenzar el siguiente, que en realidad no tiene nada de nuevo, sólo un número que lo representa. Dolores de cabeza, preocupación constante, mal dormir, nostalgia, son algunos de los tantos síntomas que aquejan a la mayoría de los mortales, y que padecen durante la totalidad del mes, y desaparece justamente, en el momento en que las 12 ya han pasado, y el nuevo año ha nacido.
En definitiva, La magia del cambio está adentro de uno, y sólo así lograremos que sea un verdadero nuevo año.
Tags: navidad y la crisis





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