El trabajo en equipo es fundamental

El trabajo en equipo es fundamental

Por lo común, los trabajadores no suelen colaborar en las tareas cotidianas ni forman grupos de trabajo, más allá de algunas labores puntuales que requieren de los conocimientos específicos de algún empleado concreto, sobre todo en lo que concierne al mantenimiento de equipos tecnológicos.
Sin embargo, existen situaciones que requieren la formación de un equipo de trabajo que se haga cargo de un proyecto determinado, quizá por un tiempo muy limitado o, por el contrario, con una permanencia más prolongada. En cualquiera de estos casos, el responsable de formar ese grupo debe tener muy claro que no basta con elegir varias personas para que trabajen juntas, sino que hay que valorar ciertos factores.

Perseguir el objetivo con los mejores

Parece algo evidente, pero no siempre es tan sencillo de lograr: un equipo de trabajo tiene que estar integrado por las personas más capacitadas para llevar a cabo la labor que se les asigne. Quizá sea una perogrullada, pero lo cierto es que no siempre se tiene esto presente o, por lo general, se tiene una concepción errónea de lo que significa.

Escoger un equipo implica que las personas que lo formen deben saber exactamente la labor que desarrollarán durante el proyecto y deben ser idóneas para hacerlo. Esto puede querer decir que no siempre los mejores se unirán a un equipo, sino que se elegirán diferentes personas en función de sus conocimientos y habilidades; alguien puede ser muy completo en cuanto a sus capacidades, pero otro puede superarle en un campo específico. Éste último será el que deberíamos incluir en el equipo (si necesitamos de sus habilidades, como es lógico).

A veces, los mejores profesionales no se encuentran entre el personal de la empresa o en la oficina en la que se ejecutará el proyecto conjunto. En estos casos, las posibilidades son diversas y se relacionan de forma estrecha con las posibilidades de la compañía, las necesidades del trabajo a realizar y los recursos disponibles. Se puede contratar a personal nuevo que desempeñe las tareas necesarias, teniendo en cuenta que el tiempo dedicado a ese proceso puede ser alto y no compensar. Otra opción es contratar personal externo, bien sean trabajadores temporales o consultores profesionales que puedan llevar a cabo tareas específicas; esta salida sólo es viable si se cuentan con los recursos económicos suficientes.

Factores a tener en cuenta

Hay que tener presente que un equipo suele estar formado por personas muy diferentes, a menudo provenientes de departamentos y áreas distintas y, por lo tanto, con dinámicas de trabajo muy variadas. Esto exigirá por parte del responsable jerárquico un esfuerzo extra para coordinar las habilidades de cada cual y conseguir un funcionamiento armónico del equipo.

También hay que reparar en el hecho de que este responsable sea, casi con toda seguridad, un empleado al que los demás integrantes no han tenido como superior y no estarán acostumbrados a acatar sus órdenes y comprender la metodología de su labor. Ganarse la confianza de los demás es una prioridad en estos casos, creando un clima apacible.

Es posible que los miembros del equipo también ofrezcan cierta resistencia a la formación del grupo. Esto puede deberse a un comprensible temor ante el cambio de tareas o quizá porque entiendan que deberán trabajar más intensamente, o más tiempo, que en su puesto habitual. Si el proyecto en el que se implican es duradero, puede existir cierta incertidumbre sobre la posibilidad de retornar a su puesto de trabajo original, o de desempeñar el mismo cargo.

Otro factor importante a considerar es la duración del proyecto. Como hemos dicho, algunas tareas son puntuales y la colaboración entre miembros se reduce a unos días de puesta en común. Sin embargo, algunos proyectos pueden constituir una línea de actividad continuada, que exija de los componentes del grupo una implicación mayor. En este caso, hay que valorar el formar a los trabajadores en algunas áreas concretas que puedan facilitar el buen hacer del trabajo. Los conocimientos del equipo deben estar en constante renovación, dado que esto puede redundar en el aumento del capital humano de la empresa.

El último factor, pero quizá el más importante, es el del estado de ánimo del grupo. Como en todos los comportamientos laborales, es deseable que el clima del equipo sea agradable para que el proyecto pueda acometerse con interés y responsabilidad. En esta ocasión, esto depende en buena medida del responsable del grupo, que debe tener una buena comunicación con todos los componentes y estar abierto a sus necesidades. La realización de dinámicas de grupos, con reuniones periódicas en las que se puedan exponer los progresos y las dudas, son muy necesarios.

Crear un equipo de trabajo, como vemos, no es tan sencillo como parece. Hay que planificarlo con antelación y valorar algunos factores fundamentales para su buen desarrollo.

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