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El primer día en un nuevo empleo

Escrito por Mariana / 26 de mayo de 2009

Por más expectativas que tengamos, no siempre es fácil comenzar un nuevo trabajo. Todo cambio requiere de un tiempo para adaptarse, pero teniendo algunos consejos en cuenta todo andará viento en popa.

Tu búsqueda laboral ha dado sus frutos. Has sorteado las numerosas entrevistas laborales, y finalmente el puesto es tuyo. Hoy es el primer día que vas a trabajar a la oficina, y sientes una mezcla de expectativas y nerviosismo, que no puedes evitar asociar a los que alguna vez sentiste el primer día de clases.

Y es que, por más que seamos adultos y que el trabajo no sea lo mismo que la escuela, no es fácil “ser el nuevo”. Si estás por empezar con un nuevo trabajo, prepárate para afrontarlo con éxito y satisfacción leyendo estas recomendaciones.

Aprende los nombres de tus compañeros

Al llegar, preséntate con amabilidad a todos tus compañeros de piso –más allá de que sería esperable que quien te contrató, o tu superior, se encargue de darte la bienvenida-. Es bueno intentar recordar los nombres de todos aquellos a quienes vayas a ver a diario, desde el ascensorista hasta el director de la compañía. Todos merecen tu respeto y tu simpatía. Cuanto antes logres saludarlos por su nombre, más pronto ellos aprenderán el tuyo y te sentirás como en casa.

Mantén la mente abierta

Es importante que llegues dispuesto a escuchar. Por más que hayas trabajado en un puesto similar y que tus responsabilidades hayan sido prácticamente las mismas, en cada lugar de trabajo existe un modo de hacer las cosas, y deberás adaptarte a funcionar de acuerdo con las reglas de tu nuevo ambiente laboral. Los primeros días muéstrate abierto y receptivo, y presta atención a las indicaciones y recomendaciones que te hagan los demás, no solamente tu jefe.

Sé espontáneo

No intentes caer bien a los demás haciendo un despliegue de simpatía si naturalmente eres tímido. Muéstrate tal cual eres y acércate de a poco a tu nuevo grupo de pertenencia. No faltarán oportunidades para demostrar que eres una persona valiosa y que tu presencia allí es buena para todos.

¡Ten paciencia!

No te derrumbes si las cosas al principio no resultan tal como las habías imaginado. Por ejemplo, tal vez hayas estado impaciente por renunciar a tu anterior empleo, y ahora te sorprenda lo mucho que extrañas a ciertas rutinas que allí tenías. Es natural: a todos nos lleva un tiempo adaptarnos a los cambios. Por otro lado, uno pasa buena parte del día en su lugar de trabajo, así que ten por seguro que tarde o temprano terminarás por acomodarte a los cambios y te sentirás nuevamente a tus anchas. Por ello, sé paciente.

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