En una época de crisis económica y de un triste crecimiento de las cifras de desempleo, aquellos que tienen la suerte de tener trabajo deben hacer todo lo que esté en sus manos por conservar su puesto.
Quien tiene un empleo tiene un tesoro
Capacítate permanentemente
Tanto para los jóvenes que recién comienzan su período de prueba como para los profesionales que hace años tienen un puesto jerárquico en una compañía, la capacitación es fundamental. Cuando dedicas tu tiempo y tu energía a perfeccionarte, le demuestras a tus superiores que no subestimas tu puesto ni tus responsabilidades, que te interesa crecer tanto personal como profesionalmente y que estás dispuesto a superarte. Por ello, no dejes de inscribirte en cursos de capacitación y de aplicar tus nuevos conocimientos a tu trabajo. La empresa te lo agradecerá.
Hazte necesario
¿Sientes que lo que tú hace podría hacerlo cualquiera, e incluso mejor que tú? Mala señal: eso significa que podrías ser fácilmente reemplazable por alguien dispuesto a trabajar por menor sueldo. Por ello, esfuérzate por realizar más tareas de las que se te piden, o de hacer todo con “tu toque personal”. ¿Tu jefe te pidió que le prepares una carpeta con informes? Entrégala con una presentación impecable y, además, déjale un CD con los archivos por si necesita volver a imprimirlos o para que le sirva de back up.
Otra buena idea es aportar contactos a la empresa: nuevos clientes que lleguen gracias a ti, proveedores que te hagan precio o afiliados que te recomienden y te elogien delante de tu jefe. La empresa no podrá darse el lujo de perder una pieza tan valiosa como tú.
No te limites a cumplir
Cumplir con la puntualidad y la asistencia está muy bien. Sin embargo, es lo mínimo que se espera de ti. Llegando unos minutos antes de tu horario de entrada demuestras interés y motivación por tu trabajo, y te implica mucho menos esfuerzo que permanecer largas horas extra a la noche, cuando lo más probable es que los directivos se hayan retirado y ni siquiera lo noten. De la misma manera, intenta poner siempre un poco más de lo que se pide de ti.
Si puedes adelantarte a la fecha límite para tus entregas, estarás facilitándole la tarea a quien deba supervisarte (quien, probablemente, influye a la hora de decidir si conservas o no tu empleo). De la misma manera, no esperes que se te diga todo lo que tienes que hacer: establece tú mismo tus prioridades, y podrás sorprender a tus superiores con el trabajo ya hecho en el momento en que te lo soliciten.
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