Si quieres tener buena memoria ¡ejercítala! De la misma manera que entrenamos el cuerpo en el gimnasio, también debemos mantener activa nuestra mente. Para tener más memoria lo único que hay que hacer es ¡utilizarla! Eso y llevar unos hábitos de vida saludables es clave para aumentar nuestra capacidad de retención y prevenir en la medida de lo posible enfermedades degenerativas como el Alzheimer.
Una buena manera de hacerlo es jugar. Cuando somos pequeños, el juego nos ayuda a aprender, estimula nuestra capacidad física y mental y forma nuestra personalidad. Cuando somos adultos también tiene ventajas, una de las más importantes es aumentar la memoria.
Hay juegos que estimulan las habilidades lingüísticas, como pueden ser los crucigramas o juegos de mesa como el Scrabble. Aumentar el vocabulario es de gran ayuda cuando empieza a fallar la memoria porque permite recurrir a otras palabras para hacerse entender. Otros juegos mejoran las capacidades matemáticas, entre ellos el sudoku, que está muy de moda actualmente, pero también algunos juegos de cartas. De hecho, los juegos de cartas nos hacen usar la memoria constantemente, para recordar qué carta ha tirado un jugador, cuáles no han salido aún, etc. También son importantes los juegos que requieren anticipación, es decir, imaginar escenarios futuros, como el ajedrez, las damas o el backgamon.
Actividades que te ayudan
Además del juego, hay otras actividades que también nos ayudan a ejercitar la memoria como, por ejemplo, leer. Cuando dejamos el libro para realizar otra actividad y lo retomamos horas más tarde, estamos exigiendo a nuestro cerebro que recuerde todo lo ya leído anteriormente y que relacione los nuevos sucesos con los anteriores. Estudiar por placer, sin la presión de los exámenes, también mantiene la mente ágil. Aprender un idioma nuevo, por ejemplo nos obliga a memorizar mucho vocabulario nuevo y recordar estructuras lingüísticas cada vez que queremos decir algo en esta nueva lengua.
Cultivar aficiones como pintar o escuchar música también refuerza la memoria, pues nos obliga a usar la parte derecha del cerebro, la que rige la creatividad, que es la que menos utilizamos, ya que para nuestras actividades cotidianas nos apoyamos sobre todo en la izquierda, puede es la que rige el pensamiento lógico.
Cuerpo sano mente sana
Y además de estimular la mente, debemos revisar nuestro estilo de vida. Alimentarnos equilibradamente, hacer deporte y reducir los niveles de estrés de la vida diaria es importante para preservar la memoria. El ejercicio físico mejora el riego sanguíneo del cerebro. Por su parte, el estrés es el responsable directo de la perdida de memoria, porque aumenta los niveles de cortisol, lo que perturba el buen funcionamiento del hipocampo, la parte del cerebro que almacena los recuerdos.
Y respecto a la alimentación, las neuronas cerebrales se nutren de azúcar o, para ser más exactos, de glucosa. Por es, debemos conseguir que el nivel de azúcar en la sangre se mantenga constante, ya que de otro modo tendremos problemas de concentración y, en consecuencia, bajara nuestro rendimiento intelectual. Consumir hidratos de carbono de absorción lenta como cereales integrales, legumbres, etc. nos va a permitir mantener estable el suministro de glucosa que llega al cerebro.
Además, hay minerales muy importantes para el cerebro, entre ellos el yodo –sal yodada- y el selenio –espárragos, carne y pescado- . En el primer caso, el yodo contribuye al buen funcionamiento de la tiroides, que influyen directamente en la memoria. El selenio, por su parte, fomenta el pensamiento racional. La falta de hierro, que afecta de manera especial a las mujeres, también incide en el correcto funcionamiento del cerebro: es la causa de olvidos y problemas para centrar la mente en una actividad. El hierro que mejor asimila el cuerpo es el que contiene la carne.
Nuestra dieta diaria también debe asegurar un aporte óptimo de vitaminas del grupo B –verdura de hoja verde, cereales, legumbres, hortalizas y frutas anaranjadas, etc. -, que evitan la confusión y los problemas de concertación. Los ácidos grasos Omega 3 –sardinas, atún, salmón, frutos secos…- nos protegen de los radicales libres, responsables del deterioro de las neuronas. Además, según los expertos, pueden prevenir, por ejemplo, un déficit de atención.
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