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Asertividad

Escrito por Emiliano / 27 de agosto de 2008

En nuestras relaciones con los demás pasamos por momentos en los que debemos contraponer nuestros puntos de vista con los de otros. Si esto ocurre en el trabajo, puede que se convierta en un problema.

Ser asertivo favorece las relaciones laborales
Ser asertivo favorece las relaciones laborales

Defender los intereses personales, las creencias íntimas o los puntos de vista concretos sobre un tema es algo que entraña cierta dificultad. Normalmente, las personas se comportan de formas muy exacerbadas: ante situaciones en las que hay que expresar una opinión, pueden hacerlo de forma muy agresiva o, por el contrario, no actuar en absoluto, adoptando una actitud pasiva o poco expresiva.

Las habilidades sociales
La asertividad podría definirse como el estadio intermedio entre esas dos tendencias contrapuestas. Si, por ejemplo, nuestro jefe nos mete prisa para acabar un trabajo que acabamos de empezar, las dos posibles respuestas que ilustrarían los comportamientos límite serían abochornarse y tratar de acabar cuanto antes, o bien enfrentarse a él y echarle en cara su mala planificación y falta de paciencia.

Si ponemos en juego nuestras habilidades sociales, podemos hacer frente a la situación de una forma educada, diplomática y mucho más relajada; quizá podríamos argumentar que el tiempo otorgado es escaso y que trataremos de hacerlo cuanto antes. De esta forma, las situaciones no se convierten en enfrentamientos y nuestro equilibrio emocional se mantiene incólume.

Perder la paciencia
Y es que la asertividad no sólo puede evitarnos malos tragos, sino que contribuye a nuestra relajación y bienestar. En muchas ocasiones nos ahorramos palabras que podrían facilitarnos la comunicación con los demás, o que podrían ayudar a dejar claras posiciones, ideas o conceptos; quizá lo hacemos por miedo, por temor a no ser escuchados, por la dificultad que entraña el oponerse a la opinión de otros (sobre todo si son superiores jerárquicos) o porque creemos que no debemos defender nuestra propia opinión.

La asertividad no consiste en enfrentarse de forma continua a otros, sino de expresar de una manera positiva y clara aquello que pensamos. Esto pasa por decir a los demás lo que creemos verdadero o conveniente para resolver una situación concreta.

Técnicas
Una buena forma de practicar la asertividad es reconocer el mérito o labor del otro antes de expresar lo que necesitamos de él; de esta forma, podemos “desarmarle” ante lo que vendrá después.

También es necesario insistir en nuestra argumentación si la otra persona no entiende nuestro punto de vista; a veces, la única manera de hacernos entender es repitiendo lo mismo varias veces.

Aparentar una claudicación momentánea puede hacernos ganar puntos en una discusión o intercambio de pareceres. También es posible que no siempre tengamos listas las argumentaciones pertinentes: en ese caso, lo mejor es tratar de ganar tiempo y admitir nuestra falta de conocimientos al respecto del tema tratado.

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