Hasta hace algunas décadas, no estaba bien visto que dos personas cohabitaran sin estar legalmente casadas, incluso los derechos de los hijos nacidos fuera del matrimonio eran menores a los hijos legítimos. Afortunadamente, las reglas han cambiado y hoy la sociedad se permite una mayor flexibilidad.

A veces conviene casarse por motivos prácticos
Casarse: con todo en regla
Aún cuando las estadísticas indican que son cada vez más los matrimonios que terminan en divorcio, todavía existen personas que apuestan a que el amor dure toda la vida. Quienes quieren casarse –ya sea por civil o también por una ceremonia religiosa- suelen ser personas, o bien muy románticas o bien muy tradicionales. No alcanza con la sola voluntad de estar juntos, hay que establecer bases sólidas y dejar todo legalmente asentado. Además, la idea de la fiesta de casamiento representa para ellos una gran ilusión.
Apostar por la convivencia
Quienes se inclinan por la convivencia sin papeles lo hacen convencidos de que el matrimonio legal (y/o religioso) es una forma de control social que poco tiene que ver con el amor. Además, si se está seguro de querer a la otra persona y de proponerse emprender la construcción de una vida juntos, no es necesario prometerlo delante de toda la familia ni gastar la fortuna que cuestan las fiestas de casamiento. Para ellos, convivir con una persona es lo más importante, compartir el día a día vale más que un juramento costoso y una ceremonia anticuada.
Convivir… por ahora
Hay parejas que comienzan con una convivencia y más adelante, cuando ambos lo desean y no simplemente por compromiso, deciden casarse. En cualquier caso, es fundamental que la decisión sea compartida –no porque uno de los dos presione al otro, ni mucho menos hacerlo por dejar contenta a la familia-.
Otras personas conviven un tiempo para ver cómo les resulta la vida en pareja, dejando abierta la posibilidad de que no salga todo como lo esperaban y de permitirse una separación menos complicada que si hay abogados de por medio.
Lo importante, en cualquier caso, es hablar con sinceridad con la propia pareja y plantear este tema cuando llegue el momento. “¿Quiero casarme? ¿Querré hacerlo más adelante?”, así como también “¿tengo deseos de tener hijos alguna vez?”. Si uno tiene una postura tomada, es fundamental abrirse a la propia pareja e incluso aceptar que el otro pueda pensar distinto. Es la única manera de construir una relación saludable y duradera.
Tags: Familia, pareja
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